En peligro de extinción
Te invito a hacer un ejercicio sencillo. En el dispositivo de búsqueda de internet, ingresa la pregunta: “¿Qué está en peligro de extinción para el año 2050? ¿Por qué el año 2050? Porque 2050 suena como el título de una película de ciencia ficción. Una película futurista. Algo lejano y hasta irreal.
Yo hice la búsqueda y me aparecieron los siguientes titulares: “Científicos ponen fecha a la extinción de la humanidad: 2050.” “Koalas en peligro: estiman que podrían desaparecer para 2050.” “Las 5 especies que ya no existirán en 2050.” “Infografía: ¿Qué pasará con las religiones y los creyentes en 2050?” “El chocolate está en peligro de extinción: podría desaparecer para 2050.” Gracias a Dios, no es el café el que esté en peligro de extinción para 2050; de lo contrario, ¡ya estaría pidiéndole al Señor que venga pronto!
Los resultados de la búsqueda nos confrontan con una realidad inquietante: especies que desaparecen, cambios globales alarmantes y proyecciones inciertas para la humanidad. ¡Son titulares que nos deben alarmar! Para este servidor, sería motivo de alarma que el café estuviera listado como en peligro de extinción para 2050. Que el café no exista o desaparezca para el 2050 debe causar pánico. Creo que, en vez de producirse una película sobre la escasez de agua, deben realizar una serie futurista completa sobre la tragedia mundial de la escasez de café. De hecho, de solo pensarlo, estoy por salir a comprar suficiente café y guardarlo en un almacén secreto. Por supuesto, no pueden faltar suficiente leche de coco o de almendra y la cafetera italiana.
Pero más allá de lo físico o ecológico, o de la alarmante extinción del café, hay algo aún más urgente que merece nuestra atención. No se trata solo de lo que podría desaparecer del planeta… sino de lo que podría desaparecer del corazón del ser humano.
¿La bondad en peligro de extinción?
Vivimos en una generación saturada de información, en la que vemos lo que sucede en cualquier parte del mundo en tiempo real. Vemos, opinamos y reaccionamos, pero pocas veces nos detenemos a actuar con propósito. Como resultado, corremos el riesgo de convertirnos en espectadores pasivos en lugar de formadores intencionales.
En el contexto del ministerio Viviendo 24:15, entendemos que Dios no nos ha llamado a observar el deterioro moral de la sociedad, sino a levantar hogares que reflejen Su carácter. La transformación de una generación no comienza en las redes sociales, sino en el corazón de los padres y en la vida diaria del hogar.
Se dice que hay tres tipos de personas: 1. Los que hacen que las cosas sucedan, 2. Los que observan cómo suceden y 3. Los que no tienen idea de lo que ha sucedido y se preguntan qué ha sucedido.
A la luz de la Palabra de Dios, podríamos añadir un cuarto grupo: los que, guiados por el Espíritu, deciden vivir intencionalmente para glorificar a Dios y formar a la próxima generación.
La pregunta es inevitable: ¿Estamos criando hijos que solo observan… o hijos que viven para hacer lo correcto delante de Dios? Hoy más que nunca, necesitamos familias que no solo reaccionen a la cultura, sino que la impacten con una fe viva.
Al observar nuestra cultura, parece que la bondad está siendo desplazada por la crítica, la dureza y la indiferencia. Las plataformas digitales han amplificado voces que atacan, ridiculizan y dividen.
La tendencia es atacar sin medida a quienes desean hacer el bien y actuar con bondad. Vemos cómo la bondad se opaca cada día ante los llamados “guerreros de teclado”, quienes atacan sin cuartel a quienes no están de acuerdo con ellos aun si se trata de palabras y/o acciones de bondad. Me pregunto entonces si debemos añadir la bondad como una especie en peligro de extinción.
La Escritura es clara: la bondad no es opcional ni cultural, es evidencia del fruto del Espíritu: “Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad…” (Gálatas 5:22-23)
La bondad no nace simplemente de una buena educación ni de las normas sociales. La verdadera bondad fluye de un corazón transformado por Cristo.
El Apóstol Pablo exhortó a la iglesia en Éfeso con las siguientes palabras: “Líbrense de toda amargura, furia, enojo, palabras ásperas, calumnias y toda clase de mala conducta. Por el contrario, sean amables (bondadosos) unos con otros, sean de buen corazón, y perdónense unos a otros, tal como Dios los ha perdonado a ustedes por medio de Cristo. Efesios 4:31-32. Este mandato no es teórico; es profundamente práctico y comienza en casa.
Ejemplo real…de muchos
Sabemos que lo contrario de la bondad, la maldad, también ocurre y ocurre a diario. Ocupa los primeros lugares en los medios de comunicación. El 28 de agosto de 2001, una mujer de 26 años subió a la orilla de un puente de 160 pies de altura en Seattle, Washington para quitarse la vida. Algunas personas que pasaban en sus vehículos —camiones y autobuses—, molestas por el tráfico detenido, le gritaban que saltara: “Salta perra, salta.” Una emisora de radio local transmitió el incidente en vivo, con comentarios sarcásticos e incluso con sonidos especiales. La mujer saltó desde una altura equivalente a la de un edificio de 16 pisos. Después de aparecer repentinamente en la superficie del río, fue trasladada al hospital en estado grave. Los psicólogos no sacaron conclusiones sobre este incidente, pero señalaron una cultura dominante cada vez más habituada a la violencia y a la crisis.[1]
[1] https://www.seattlepi.com/seattlenews/article/commuters-mood-turns-ugly-as-suicide-try-snarls-1064089.php
Definamos
¿Qué es la bondad? El Diccionario de la Lengua Española la define como: “Cualidad de bueno. Natural inclinación a hacer el bien. Acciones buenas. Blandura y apacibilidad de genio. Amabilidad de una persona respecto a otra como fórmula de cortesía”.
¿Te acuerdas de los sinónimos? Los sinónimos de bondad son compasión, benignidad, benevolencia, atención, piedad, consideración y servicio. ¿Y qué tal los antónimos? Lo opuesto a la bondad es la maldad y la perversidad.
Al analizar estas definiciones, vemos que la bondad consta de dos partes: primero, los sentimientos de compasión y los motivos de nuestro corazón; y, segundo, el comportamiento resultante, cuyo objetivo es mejorar la situación de otra persona. Así, la bondad incluye lo que está en el interior, invisible para los demás, y lo que se exhibe, visible para los demás.
La bondad se manifiesta en palabras, acciones y conducta no verbal. Por ejemplo, una madre amorosa sirviéndole la cena a su familia y preguntándoles por su día es una imagen de bondad. Ella pregunta: “¿Cómo te fue en el colegio? ¿Algo emocionante sucedió en el trabajo? Sus acciones son bondadosas: acaricia un hombro, le sirve su comida favorita a la hija y le besa la mejilla porque es su cumpleaños. Ofrece al esposo un poco más de arroz blanco y habichuelas luego de un día extenuante en el trabajo. Sus gestos no verbales son benignos: sonríe, escucha con atención al que habla y utiliza un tono de voz agradable. Es una imagen ideal que puede parecer incluso un poco utópica. ¿Qué crees?
Una responsabilidad que comienza en el hogar
En Viviendo 24:15 creemos que la formación del carácter no ocurre por accidente, sino por intencionalidad espiritual. La bondad se enseña en la manera en que hablamos, en cómo corregimos, en cómo perdonamos, en cómo servimos unos a otros. Los hijos aprenden más de lo que ven que de lo que escuchan.
Un hogar donde se practican la gracia, la paciencia y el servicio mutuo se convierte en un terreno fértil para que la bondad florezca.
Volviendo al diseño de Dios
La bondad no está en peligro de extinción para quienes permanecen en Cristo. Jesús no solo enseñó la bondad… Él la modeló perfectamente. Y nuestro llamado como padres es claro: reflejar a Cristo en nuestra vida diaria para que nuestros hijos aprendan a hacer lo mismo.
Más que preocuparnos por el futuro del mundo en el 2050, debemos preguntarnos: ¿Qué tipo de corazones estamos formando hoy? ¿Qué legado espiritual estamos dejando en nuestros hijos?
Porque cuando una familia decide vivir 24:15, la bondad no desaparece… se multiplica.
Hay infinitas maneras de demostrar gentileza hacia nuestros semejantes. Tenemos muchas oportunidades cada día. Si tenemos la enseñanza de la bondad en nuestro corazón y otros factores pecaminosos o emociones no opacan este principio, entonces nuestro comportamiento será bañado de benignidad.
No te limites simplemente a observar; decide vivir 24:15, intencionalmente para glorificar a Dios y formar a la próxima generación.
¡Abrazos de Papá!
¡Nos vemos en el barrio con el cafecito!
Por: Dr. Rafael (Rafy) Gutierrez
Director/Fundador: Ministerio 24:15
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Fotos: Helena Lopes and National Cancer Institute on Unsplash.