Haciendo lo Correcto
Padres que crían en la disciplina e instrucción del Señor
En Viviendo 24:15, creemos que la transformación de una generación comienza en el corazón de los padres y se extiende al hogar. Por eso, antes de corregir conductas, somos llamados a examinar nuestras motivaciones, nuestras actitudes y la forma en que reflejamos a Cristo en nuestra familia.
En el artículo anterior reflexionamos sobre cómo, muchas veces sin darnos cuenta, los padres pueden provocar ira, frustración o desaliento en sus hijos, en lugar de guiarlos hacia una vida de fe, seguridad y propósito. La exhortación de Efesios 6:4 sigue siendo clara y vigente: “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.”
Sabemos que hay momentos en los que los hijos reaccionan con enojo sin causa aparente, pero también es cierto que, en muchas ocasiones, el ambiente del hogar influye profundamente en el corazón de los hijos. Aunque cada uno es responsable de sus acciones, Dios ha delegado en los padres una responsabilidad mayor: formar, guiar y proteger la unidad del hogar.
Criar más que proveer es nutrir
El texto de Efesios 6:4 dice: “criadlos en disciplina y amonestación del Señor”. El verbo traducido “criadlos” es la misma palabra en griego que se traduce como “sustentar”. El esposo creyente debe sustentar a su esposa e hijos compartiendo amor y ánimo en el Señor. Por lo tanto, no es suficiente sustentar a los hijos físicamente proveyendo alimento, dinero y vestimenta, como se espera de los padres, también debes nutrirlos y sustentarlos emocional y espiritualmente.
El hogar 24:15 reconoce que criar no es simplemente reaccionar ante el comportamiento; es formar intencionalmente el corazón. Que no se limita a satisfacer necesidades físicas. Para enfatizar, la idea bíblica apunta a nutrir, sostener y desarrollar integralmente la vida de nuestros hijos.
Disciplinar en amor: formar el corazón, no solo corregir la conducta
En la cultura actual, la disciplina a menudo se malinterpreta. Algunos la ven como dureza; otros, la evitan por completo. Pero en el diseño de Dios, la disciplina es una expresión de amor intencional. Dios disciplina a los que ama (Hebreos 12:6), y ese mismo principio se nos ha confiado como padres.
La palabra disciplinar conlleva la idea de instrucción mediante el discipulado personal. Aun cuando hay quienes ven la disciplina como dureza o buscan cómo evitar disciplinar a los hijos, la disciplina es un principio básico de la vida, una evidencia del amor, el siguiente nivel de enseñanza que forja el carácter del niño.
Debemos, sin embargo, asegurarnos de que disciplinemos a nuestros hijos de la manera adecuada. En principio, debemos disciplinarlos con amor y no con enojo; no vaya a ser que lastimemos el cuerpo o el espíritu del niño, o ambos. Si no somos disciplinados como padres, con seguridad no podremos disciplinar a otros.
En 24:15 creemos que disciplinar es acompañar, corregir, enseñar y redirigir con propósito. Es discipulado en lo cotidiano.
Por eso, en Viviendo 24:15 afirmamos: «La disciplina debe nacer del amor, no del enojo». Debe ser consistente, no impulsiva. Debe formar el carácter, no solo modificar conductas. Debe apuntar al corazón, no solo a la obediencia externa
La disciplina amorosa crea seguridad. Aunque el hijo no siempre esté de acuerdo, aprende algo profundo: “Soy amado, soy importante, y mis padres están comprometidos con mi bien.”
La meta: formar vidas que reflejen a Cristo
La meta no es solamente criar hijos “bien portados”, sino formar hombres y mujeres que conozcan a Dios, amen la verdad y vivan con propósito. Esto incluye instruir a los hijos para que crezcan y desarrollen el potencial que Dios les ha dado. Los padres no solo deben usar acciones para criar a sus hijos, sino también sus palabras.
Es sabido que nuestros hijos no siempre aprecian nuestro consejo, pero eso no elimina la obligación de instruirlos y animarlos. Por supuesto, nuestra enseñanza debe estar siempre ligada a la Palabra de Dios.
Pablo exhortó al joven Timoteo con las siguientes palabras: “Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” 2 Timoteo 3:14–17. (RV60)
Criar es educar, formar y ayudar al desarrollo integral de nuestros hijos en las cuatro áreas principales de formación en la vida de nuestros hijos: 1. Física: cuidamos su salud y bienestar. 2. Espiritual: los guiamos a conocer personalmente a Dios. 3. Carácter: cultivamos virtudes que reflejan a Cristo y 4. Social: los preparamos para vivir con sabiduría en el mundo.
Nuestras palabras importan. Nuestras acciones enseñan. Nuestro ejemplo marca. Aunque muchas veces nuestros hijos no valoren de inmediato la instrucción, seguimos sembrando con fe, sabiendo que la Palabra de Dios cumple su propósito.
Un llamado a vivir lo que enseñamos
“Pero ustedes, críenlos con la disciplina e instrucción que proviene del Señor.” Este llamado no es una fórmula rápida, sino un compromiso diario. No se trata solo de suplir necesidades externas, sino de formar vidas conforme al corazón de Dios.
En Viviendo 24:15, creemos que: la crianza es un acto espiritual, no solo práctico. El hogar es el primer lugar de discipulado. Los padres son instrumentos de restauración en manos de Dios. Criar a los hijos con la disciplina e instrucción que provienen del Señor implica asumir la responsabilidad de educarlos según la voluntad de Dios, a Su imagen y semejanza.
Cuando decidimos vivir lo que enseñamos, Dios comienza a hacer algo poderoso: restaura lo que estaba quebrantado, sana lo que estaba herido y establece un legado que trasciende generaciones.
Porque al final, vivir 24:15 no es solo una declaración… es una forma de vida.
¡Abrazos de Papá!
¡Nos vemos en el barrio con el cafecito!
Por: Dr. Rafael (Rafy) Gutierrez
Director/Fundador: Ministerio 24:15
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