¡Caminando juntos!
A veces la paternidad espiritual comienza con algo tan sencillo como decidir estar presente.
No hubo un rescate dramático. No hubo cámaras esperando. Tampoco un momento extraordinario que cambiara todo de repente. Ni mucho menos un video que se volvió viral. Simplemente hubo un hombre que decidió estar presente.
Cuando Cruz tenía alrededor de diez u once años, conoció a John a través de Big Buddy, una organización de Nueva Zelanda que vincula a niños que crecen sin un padre presente con hombres cuidadosamente seleccionados y capacitados para servir como mentores. La idea es sencilla: pasar tiempo juntos, escuchar, acompañar y, sobre todo, estar presente.
Eso fue exactamente lo que hizo John. Cada semana encontraban algo que hacer. Algunas veces jugaban al boliche; otras, trabajaban con herramientas o realizaban proyectos juntos. No había un programa de discipulado elaborado ni grandes discursos. Eran simplemente dos personas compartiendo la vida. Semana tras semana. Año tras año. Y mientras, aparentemente, solo hacían cosas ordinarias, algo extraordinario estaba ocurriendo: se construía una relación basada en la confianza. Se hacía presente una figura paterna.
La influencia de estar presente
Cruz tiene ahora 21 años. Es técnico electricista y padre de un niño pequeño. Al mirar hacia atrás, reconoce que aquella relación cambió su perspectiva y le proporcionó una base firme para iniciar su vida adulta. John se convirtió en alguien con quien podía conversar, abrir su corazón y buscar orientación cuando enfrentaba dificultades. Lo que comenzó como una mentoría se convirtió en una relación que continúa hasta hoy.
Aquí encontramos una verdad que la iglesia necesita recuperar: un niño, una niña, puede tener muchos instructores y, aun así, necesitar un padre espiritual.
El apóstol Pablo lo expresó claramente: “Porque aunque tengáis diez mil ayos en Cristo, no tendréis muchos padres” (1 Corintios 4:15). Pablo entendía que existe una diferencia entre transmitir información y formar una vida. Un maestro puede explicar una verdad. Un padre espiritual camina contigo mientras aprendes a vivirla.
La paternidad espiritual requiere tiempo.
Vivimos en una cultura que busca resultados rápidos. Queremos programas que produzcan cambios, conferencias que transformen hombres y estudios que resuelvan problemas de forma inmediata. Los números se convierten en prioridad. Todas esas herramientas pueden ser valiosas. Pero la formación espiritual rara vez ocurre de forma rápida.
Jesús mismo mostró este principio. Llamó a doce hombres y compartió Su vida con ellos. Caminaron juntos. Comieron juntos. Lo observaron servir, enseñar, confrontar, perdonar y orar. Su formación tuvo lugar mientras estaban cerca de Él.
Pablo hizo algo semejante con Timoteo. Lo llamó “verdadero hijo en la fe” (1 Timoteo 1:2). No se limitó a enseñarle doctrina; invirtió su vida en él. Luego le dio una instrucción extraordinaria: “Lo que has oído de mí… esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” (2 Timoteo 2:2).
Observa la cadena: Pablo → Timoteo → hombres fieles → otros. Cuatro generaciones espirituales. Eso es transformar generaciones.
¡Caminando juntos!
La historia de John y Cruz debería llevarnos a una pregunta incómoda pero necesaria: ¿Hay algún joven en nuestra iglesia que necesita que una figura paternal simplemente esté presente?
Tal vez tiene una madre que está haciendo un trabajo extraordinario, pero su padre no está presente. Quizá vive con sus abuelos. Tal vez su padre está físicamente en casa, pero emocional o espiritualmente distante.
No todos necesitan que intentemos reemplazar a su padre. De hecho, la propia filosofía del programa de John se centra en ofrecer amistad, apoyo y un modelo masculino positivo. Pero muchos sí necesitan un hombre maduro que pueda decir con sus acciones: “Estoy aquí. Puedes hablar conmigo. Caminemos juntos.”
Eso también es ser una figura paternal, ser verdaderamente un padre espiritual. No requiere necesariamente un título, un púlpito ni un programa. Puede comenzar tomando un café, trabajando juntos, practicando algún deporte, estudiando la Biblia o simplemente escuchando. La influencia comienza con presencia.
Viviendo 24:15
Hay algo especialmente hermoso en la historia de Cruz. El niño que necesitaba un modelo masculino es ahora un hombre que sostiene a su propio hijo en brazos. La influencia de John llegó a otra generación.
Quizá nunca sabremos cuántas conversaciones, tardes ordinarias o pequeños consejos contribuyeron a formar al hombre que Cruz es hoy. Pero esa es precisamente la naturaleza de la paternidad. Sembramos muchas veces sin saber cuándo veremos el fruto. Y aquí encontramos el Evangelio. Nuestra capacidad para acompañar a otros comienza por reconocer que Dios primero se acercó a nosotros. No permaneció distante. Nos buscó, nos recibió por gracia y nos hizo hijos. Ahora nos llama a hacer discípulos e invertir nuestra vida en otros.
Quizá transformar generaciones no siempre comienza con un gran programa. A veces comienza cuando un hombre decide estar presente en la vida de un niño o una niña reflejando la imagen del Padre Celestial. Eso también es vivir 24:15.
¡Abrazos de Papá!
¡Nos vemos en el barrio con un cafecito!
By: Dr. Rafael (Rafy) Gutierrez
Director/Founder: 24:15 Ministry
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